Para la mejor realización de estos ejercicios sanadores tómate un momento para ti en que nadie vaya a interrumpirte y lee despacio los textos en rojo, tomándote las pausas que necesites.
Ve pasando de un párrafo al siguiente muy lentamente, mientras realizas en tu cuerpo las indicaciones del ejercicio. Si tienes alguna duda, abajo de la página puedes dejar un comentario. Que todo te sea propicio.

  1. ¿Cómo estoy ahora?
  2. ¿Cómo experimento yo físicamente el miedo?
  3. Hablar con el cuerpo, la emoción, la mente y el alma
  4. Percibo mi existencia
  5. Detectar y soltar el estrés profundo
  6. Cómo detectar la crítica interna

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1. ¿Cómo estoy ahora?

Este ejercicio puede parecer demasiado simple, incluso tonto. Pero la verdad es que es uno de los ejercicios más útiles y poderosos que hay para sanar y ganar conciencia. Muchas personas con conflictos vitales realmente necesitadas de ayudarse a sí mismas es lo último que hacen, por distintos motivos que ya iré contando en el BLOG y en el Método QSELV, cuando ir al cuerpo es algo que les ayudaría enormemente.
Así que aquí tienes ese tesoro para tu beneficio:

Date cuenta de tu respiración. Como quiera que esté cuando pongas tu atención en ella, está bien.
Si estás pasando por un momento difícil, ansiedad, miedo, rabia, desconfianza, etc., déjate observar las sensaciones físicas que tienes ahora.
Simplemente obsérvalas en tu cuerpo. Pero lo vas a hacer de una forma especial, como si estuvieras viendo una película y una parte de ti puede tener esas sensaciones, pero tú las observas desde tanta distancia como necesites para mirarlas con una cierta tranquilidad y sensación de control.
Si te hace falta, retírate un poco más sin perder de vista esas sensaciones.
Quédate ahí. Simplemente observando. Si cambian está bien. Es lo normal.
Si se amplifican, dales todo el espacio que necesiten. Sea el que sea. No pasa nada. Tan solo necesitan hacer su proceso y  mostrarse más.
Si les das tiempo, en algún momento cambiarán y empezarán a disiparse, incluso desaparecer. Si no, dales más tiempo y presencia. Confía. Poco a poco.
Ahora deja que se marchen del todo.
Nota tu respiración y deja que vaya entrando suave y profundamente en esos espacios libres que han quedado.
Termina de dejar que tu cuerpo limpie esas sensaciones.
Eso es.

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2. ¿Cómo experimento yo físicamente el miedo?

Tómate un momento para hacer una pequeña lista de las cosas o situaciones que te provocan miedo. De las que te gustaría huir, o que no estuvieran ahí, o que directamente te enfadan y acabarías a mamporros con ellas. Lo que te encoge o lo que te saca de quicio, vamos.
Escoge una de esas situaciones y revívela. Si es algo que te afectó mucho, date permiso para mirarla con toda la distancia que necesites, como si estuvieras viendo una película. Incluso interrumpe el ejercicio si ves que no lo puedes manejar ahora a nivel corporal y emocional.

Acuérdate de dónde estabas, con quién, lo que estaba pasando, el ambiente que había,… Y observa qué hace tu cuerpo. Presencia desde esa distancia lo que hacen tu estómago, tu vientre, el pecho, la garganta. Al recordarlo se habrán desplegado una serie de sensaciones que son tu “respuesta personalizada al miedo”.
Toma nota de esta secuencia.

Vuelve a repasar el incidente desde el principio, como si echaras hacia atrás la película hasta el momento en que tenías más calma antes de que empezara el conflicto interno
¿Qué ocurre en tu cuerpo en esa pequeña fracción de tiempo inicial al perder la calma? Sensaciones físicas, no opiniones ni juicios, ni siquiera intentos de soluciones.
¿Qué se cierra, qué se gira, qué se vacía en ese instante?
Tómate tu tiempo para hacer esto varias veces mientras sigues observando tu cuerpo. Puede que en un principio sólo notes un nerviosismo generalizado, pero quédate y busca el origen físico de ese nerviosismo en tu cuerpo. Dale tiempo a tu cuerpo para que te muestre lo que le pasa, el cuerpo es más lento que la mente, deja que tu mente te dé todas las explicaciones que quiera y déjalas pasar, pero escucha a tu cuerpo. Sólo sensaciones físicas, recuerda.

Cuando tengas bien claro el punto de origen de toda la secuencia, simplemente quédate ahí y dale todo el espacio y el tiempo que necesite para mostrarse. Dale toda tu presencia, recordándole a tu cuerpo en ese punto que aquí y ahora estás bien, que estás leyendo este artículo y no pasa nada.
De nuevo, date tiempo, más tiempo y espacio, para esto último hasta que sientas que recuperas la calma completamente.

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3. Hablar con el cuerpo, la emoción, la mente y el alma

Puedes encontrar más explicación teórica del ejercicio en este post.

Para este ejercicio utilizaremos la metodología de Constelaciones Familiares con muñecos, esto es, a un objeto, puede ser cualquier cosa pequeña y manejable, o un dibujo, le asignamos explícitamente la representación del conflicto:
“Tú eres mi problema de …………..”, lo que quiera que desees explorar.
Y lo colocas en el centro de la rueda, en el suelo o en una mesa. Y asignas también una posición a cada uno de los aspectos cuerpo/emoción/mente/alma, lo puedes hacer igualmente con objetos o dibujos.

rueda ejercicio AEMCEntonces puedes ir colocándote en cada una de las posiciones a ver qué surge al mirar el conflicto desde la perspectiva del cuerpo, de la emoción, de la mente y del alma. Te colocas en la posición, o sostienes el objeto que la representa, y dices:
“Yo soy la Emoción. Y desde aquí observo este asunto.” Y esperas.

Lo que quiera que surja está bien, y ten en cuenta que todo lo que surge son pistas que nos pueden a ayudar a ver lo que tenemos velado en relación a ese problema, así que no desprecies nada aunque tu mente lo considere tonto, insignificante, ya conocido o que no tiene relación con el tema.
Como habrás notado la palabra surgir es fundamental. No se trata de reflexionar o elaborar mentalmente, sino de estar en una actitud abierta, curiosa y expectante para ver lo que aparece “siendo” el cuerpo, o cualquiera de los otros aspectos, respecto del problema.
¡Que tengas una buena sesión de descubrimiento!
Y ya sabes, si tienes dudas, puedes hacer tu pregunta en el espacio de comentarios de más abajo.

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4. Percibo mi existencia

Permítete leer estas líneas despacio.

Despacio.

Un poco más despacio.

Deteniéndote incluso… si está bien para ti.

Mientras lo haces, nota tu respiración. El aire entrando y saliendo de tu cuerpo. Las fosas nasales. La garganta. Tu pecho expandiéndose y recogiéndose.

Con cada inspiración se llena y se expande.

Con cada espiración se vacía y se recoge.

Observa tus pensamientos. Míralos pasar.

Surgen, te cuentan algo y se van.

Y un nuevo pensamiento aparece.

Deja a tu mente hacer su trabajo, generar pensamientos. Es lo que hace, está bien. Da igual lo que te cuenten, da igual si te critican por estar aquí sin “hacer nada”, es lo que dice tu manual del usuario. Da igual si me critican a mí por escribir estas líneas. Deja que digan lo que quieran, lo que surja está bien.

Míralos pasar mientras respiras. Son como nubes en el cielo, cada una tiene una forma, una historia, un mensaje. Te lo cuentan, lo miras… y la nube se desvanece. Y surge otra nube. Y tú sigues ahí mirándolas mientras respiras. Dejándolas pasar. Soltándolas.

Nota tu cuerpo. Como quiera que esté, está bien. Dale permiso para reacomodarse si lo necesita. Observa lo que sea que surja de tu cuerpo. Si hay molestias, obsérvalas. Si hay tensiones, obsérvalas. No hagas nada intencionadamente, deja que tu cuerpo lo haga. Lo que surja está bien.

Nota si hay zonas de tu cuerpo que están “cerradas”, te darás cuenta porque hay músculos que están sujetando, conteniendo. Obsérvalos. Simplemente… mira cómo sujetan. Recorre tu cuerpo despacio con tu mente. Deja que la respiración te ayude a hacer este recorrido interior. Imagina que respiras en esas zonas o puntos que sujetan.

Dales permiso para no sujetar. Para soltar.

Nota tu cuerpo abriéndose poco a poco, distendiéndose.

Cada vez que tomas aire, esa zona o tu cuerpo entero, ahora, se recoge. Cada vez que sueltas aire, esa zona o tu cuerpo entero, se suelta. Cede.

Sigue recorriendo tu cuerpo, obsérvalo haciendo esto.

Recogiéndose.

Distendiéndose.

Como un latido amplio, pulsando, como un masaje interno.

Nota el aire entrando más suave, más profundo. Deja que poco a poco vaya llenando tu estómago. Incluso hasta tu vientre.

Mientras tu cuerpo sigue haciendo esto, date permiso para ampliar tu mirada. Siente la vida en tu cuerpo, simplemente siente que está vivo, siente que lo puedes sentir. Cada persona lo siente a su modo, calor, frío, vibración, presencia,… Siéntelo como tú lo sientas. De cualquier manera que lo hagas, está bien.

Obsérvalo. Esa presencia, esa vida. Ese, simplemente, ser.

Cualquier cosa que surja está bien. Sensaciones, emociones, sentimientos,… Obsérvalos surgir, dales espacio, deja que sigan su camino y se marchen.

Nada que sujetar ahora.

Simple – mente – ser.

Respira.

Y observa, mientras respiras.

Todo está bien.

Como quiera que esté, está bien.

Este ejercicio es sólo para observar, para sentir tu existencia. Yo existo. Yo soy.

Nada que resolver ahora. Sólo observar. Yo soy.

Lo demás no es importante ahora. Yo soy.

Yo soy.

Siento mi existencia, nada más.

Yo soy.

Tómate el tiempo que necesites para volver a estar completamente despejado, percibe a tu alrededor el espacio en el que estás. Déjate sentir despierto y en pleno control.

Compara tu estado corporal con el que tenías al comenzar a hacer este ejercicio. Vuelve a recorrer tu cuerpo. Comprueba cómo está ahora. ¿Ha cambiado? ¿Cómo te sientes ahora?

Si te ha costado entrar en el ejercicio, o no notas cambio alguno en tu cuerpo, tranquilo, no pasa nada, si sigues leyendo más delante encontrarás respuestas a porqué te ocurre esto y entonces podrás volver a este ejercicio y disfrutarlo plena y profundamente.

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5. Detectar y soltar el estrés profundo

Mientras sigues leyendo tranquilamente este ejercicio céntrate en la respiración.

Déjate mecer en el ir y venir de tu respiración. Como quiera que la sientas está bien.

Dale tiempo a tu cuerpo para que vaya bajando la respiración del pecho… al estómago… y al vientre.

Cuando lleves un poco respirando en el abdomen, nota tu cuerpo, la vibración, el tono de tu cuerpo. Deja que tu cuerpo te indique dónde hay inquietud. Pueden ser los sitios más insospechados: la articulación de las rodillas, algún punto de la espalda, los costados,… Escoge el punto inquieto que más llame tu atención ahora. Quédate ahí sintiéndolo, puede que sea incómodo o desagradable, pero sigues poniendo toda tu presencia en observar ese punto, esa zona.

Utiliza el ir y venir de la respiración como un ancla donde agarrarte. Está siempre ahí, dándote energía, apoyo, seguridad, presencia. Llenándote de calma.

Pon la palabra “CALMA” en tu mente. Repítela mientras respiras y observas la zona de tensión. Observa cómo ésta cambia. Es muy probable que este simple ejercicio de presencia haga disminuir e incluso desaparecer la tensión de la zona.

No esfuerces la respiración, deja que sea natural. Si aún queda tensión, imagina o siente que llevas la respiración al inspirar, llena de “calma”, hasta esa zona. Imagina o siente que la respiración fluye por esa zona disolviendo la molestia, como si fuera agua pasando y repasando sobre un terrón de azúcar morena, disolviéndolo.
Imagina o visualiza el agua de la respiración tiñéndose de marrón tensión. Y, al echar el aire, deja que ese agua sucia salga, puedes hacerlo por la nariz o la boca, según tú respires. Está bien. O puedes incluso imaginar que sale directamente a través de la piel, o por las palmas de las manos o las plantas de los pies.

“Al inspirar tomo calma, al espirar suelto tensión.”

Visualiza ese agua sucia volviendo a la Tierra para ser reciclada. Marchándose para siempre.

Dale las gracias al Aire por limpiarte. Dale las gracias a la Tierra por ayudarte.
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6. Cómo identificar al Tirano (la crítica interna)

Si hay algo que te repites a menudo y no estás muy seguro si es bueno o malo eso que das por cierto de ti mismo, de ti misma, haz esta sencilla prueba. Puedes leer más sobre el Tirano en este post.

Pon en tu mente un lugar muy agradable para ti. Deja que tu mente recupere los olores, los colores, el aire del sitio. Lo a gusto que estabas. Tómate tu tiempo.

Mientras lo haces siente lo que hace el centro de tu pecho. ¿Cómo está? Deja que se llene de todo lo agradable de ese lugar. Tómate tu tiempo.

Ahora pon en tu mente esa frase o idea de la que quieres evaluar su apoyo. Siente lo que hace el centro de tu pecho. ¿Se abre o se cierra? Si se abre y sientes que te ayuda avanzar o, al menos, aclara tu camino, no es crítica. Si tu Corazón se cierra pregúntale qué es lo que no le gusta de esa idea.

Y ahora decides a quién quieres hacer caso.

Si no puedes identificar la crítica interna, déjate acordarte de algún momento real en que te sintieras frustrado o incomodado y mira lo que hace tu pecho, tu corazón. Y dile a tu Corazón que exprese en tu mente lo que pensaste antes de que se cerrara en aquel momento.

Y luego haces el ejercicio anterior.

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