Iniciocrítica internaDerrocar al Tirano

Ya hemos visto la relación entre el Tirano y el Niño Interior. También hemos paseado por la galería de los Tiranos más habituales para familiarizarnos con los mensajes que nos suelen mandar. Ahora vamos a describir con detalle y de forma práctica cómo derrocar al Tirano.

(Este post es especialmente largo e importante si estás utilizando Qué simple es la Vida como un método de sanación y autoconocimiento, así que te recomiendo que lo leas y practiques los ejercicios tomándote un tiempo adecuado para ello. Gracias.)

Quizá lo más decisivo de este proceso sea distinguirlo de entre nuestros propios pensamientos. Recordemos que el Tirano no es más que la parte crítica de nuestro repertorio mental.
A veces sí podemos distinguirlo, oírlo claramente en nuestros pensamientos: “eres un fracasado”, “te vas a quedar sola para siempre”, “muérete y acaba ya”,…
Pero en otras ocasiones se ponen en marcha en nosotros mecanismos psicológicos que nos impiden ser conscientes de su ataque. Normalmente son justificaciones mentales que surgen tan rápido que prácticamente no queda recuerdo de la crítica porque la tapan.

Un ejemplo sencillo y muy habitual: tiramos o rompemos algo sin intención de hacerlo, y el Tirano salta como un resorte “¡qué torpe eres!”, pero a nuestro Niño Interno no le gusta nada sentirse incompetente así que hace lo que sea para escapar de ese sentimiento de culpa: “yo no dejé el vaso allí”, “ha sido ella, que me distrajo”, “estaba muy al borde”,… lo que sea con tal de escapar a la frustración del “no ser capaz” que vierte la acusación del Tirano. Así sentimos rabia contra otros, culpándolos, o contra nosotros mismos y nos llenamos de resentimiento, alimentando, sin darnos cuenta, los mismos pensamientos insidiosos que conforman al Tirano. Si la reacción física o emocional que provoca la crítica interna es muy fuerte, podemos llegar a entrar en tal estado de alteración y confusión que ni siquiera sabemos dónde estamos, qué hacemos ni por qué. Es cuando “nos sacan de quicio” o “perdemos los papeles”.

La crítica también puede pasar desapercibida porque realmente sea “invisible” para nuestra consciencia, se podría decir que sucede a un nivel pre-consciente. Intuimos que algo ha pasado por nuestra cabeza pero no sabemos qué, como cuando “tenemos algo en la punta de la lengua”. Está ahí, pero la conciencia no alcanza a iluminarlo.

Llevamos la crítica tan incorporada, desde tan antiguo,
que nos “come el tarro” y no nos enteramos

 

En cualquier caso, no importa cómo de conscientes seamos de esa crítica que llevamos pre-escrita en nuestra mente. Cuando estamos bajo su férula somos incapaces de pensar con claridad, ya que el Tirano lo que produce fundamentalmente es miedo. Miedo a no valer. A no merecer. A no ser reconocidos. Y con el miedo viene todo el repertorio de efectos secundarios de éste: estrés, rabia o desánimo, y confusión mental. Así que salir del ataque con argumentos racionales es la vía más difícil e ineficaz para enfrentar al Tirano. Peor aún si entendemos que en ese momento estamos dentro de su lógica perversa y psicológicamente funcionamos como un niño o un adolescente, y no como un adulto en plenas facultades. (Ver el post: El miedo)

Visto lo cual ¿por dónde salir?, pues por donde ni siquiera lo intentamos ya que es por donde más miedo nos da hacerlo. Por el miedo mismo. Y… ¿dónde está el miedo?

 

Primer paso: Rescatar el cuerpo

Lo primero, siempre, tranquilos. Para ello debemos ayudar a nuestro cuerpo a recuperarse de los efectos fisiológicos del miedo: tripas revueltas, náusea, nudo en el estómago, “nervios”, opresión en el pecho, cierre en la garganta, agitación en brazos y piernas, etc. Así ayudamos al Niño Interno a salir del miedo y de esta manera empezamos a funcionar como el Adulto, si no, el Niño maneja la situación con sus reacciones de niño.
Por ejemplo: cuando tenemos miedo de nuestro jefe y tragamos con obligaciones que no están en el contrato, o cuando sentimos vergüenza por nuestro aspecto o nuestro cuerpo, e intentamos disimular u ocultarlo. En muchísimas ocasiones nuestro Niño necesitado se activa poniéndonos en aprietos. En realidad lo que necesita no es que el jefe sea bueno u otro cuerpo distinto al que tiene, sino atención, protección y nutrición. Y ¿cómo se lo damos?

Quedarnos presentes en el cuerpo cuando estamos en crisis
hace que nuestro Niño Interno se sienta atendido

 

Pues muy sencillo, mucho más sencillo de lo que pretende el Tirano. Para empezar prestando atención al cuerpo, a las sensaciones corporales, dejando los pensamientos para luego. Eso ya hace que el cuerpo se vaya tranquilizando. Nuestro Niño ya no está solo, alguien lo atiende, nuestro Adulto está con él. Es cierto que es un arte el poder estar en dos posiciones psicológicas a la vez cuando estamos alterados emocionalmente. Niño Asustado (atacado por el Tirano) vs. Adulto. Pero todos tenemos la habilidad de “disociarnos”, en el cine estamos en la película y en el de atrás si nos molesta, en el coche estamos en la conducción por la carretera y en la charla con nuestro acompañante. Somos multitarea. Así que podemos estar en nuestro Adulto, que es el solucionador de problemas ya que ha desarrollado habilidades en muchos campos y, al mismo tiempo, en nuestro Niño asustado, decaído, avergonzado o furioso.
Quedarnos presentes en el cuerpo abre la puerta de la jaula emocional en la que el Niño nos mete sin darnos cuenta al ser atacado por el Tirano. Permite que las sensaciones físicas se calmen y que las emociones completen su curva de descarga y se apacigüen. Por eso las técnicas de meditación son inicialmente terapéuticas. (Ver los post de manejo de las emociones)

Segundo paso: Desenmascarar al Tirano

Una vez que recuperamos el control de nuestro cuerpo, nuestra mente se abre y podemos empezar a razonar con cordial cordura para poder revisar la legitimidad de nuestras emociones.
El Tirano es como un parásito que se alimenta de nuestra vida, de nuestra energía, y para ello se vale de los sentimientos “falsos” que provoca: vergüenza y culpa, esencialmente, y la pena y la rabia tóxicas que surgen de aquellos. Los implanta en nosotros como un hechicero hace con sus encantamientos para mantenernos presos en el presunto drama de nuestra vida.

El Tirano nos acusa de lo que él mismo provoca

 

Cuando hablo de sentimientos “falsos” no es porque los finjamos, realmente los sentimos, es porque el pretendido motivo por el que nos sentimos así no es el verdadero motivo, es un motivo falso. Y los llamo tóxicos porque no están ahí con la finalidad natural de ese tipo de sentimientos de reparar una falta en nosotros mismos o hacia alguien a quien hayamos dañado realmente.
Los sentimientos de culpa y vergüenza naturales tienen un buen propósito que es ayudarnos a reconocer el daño cometido y recuperar la armonía perdida por el mal acto a través del arrepentimiento y el perdón. Pero esos sentimientos deben surgir espontáneamente de nuestro Corazón, como algo que lo oscurece o hace que se duela por atentar contra lo más sagrado, el amor por nosotros mismos y el respeto por el prójimo.
Si surgen porque una autoridad externa nos dice que hacemos mal o somos malos, entonces no son realmente culpa o vergüenza, sino miedo a ser rechazados, a no pertenecer, a no ser acogidos, a no valer. Y los seres humanos que no se han completado como individuos autosuficientes a lo que más miedo tienen es a ser excluidos (la necesidad de pertenencia será tema para un próximo post). Por eso las llamo tóxicas, porque son como un brebaje que otro nos ha suministrado para fines ajenos y contrarios a nuestra propia armonía.

Y ¿cómo se implantan y funcionan esos sentimientos tóxicos? ¿cómo se prepara la trampa que transportamos sin darnos cuenta mientras crecemos?
Realmente es una estafa muy simple, tan fácil como engañar a un niño, no porque los niños sean tontos sino porque necesitan que se les cuide mientras crecen. De niños todos necesitamos amor y valoración, si no nos ajustamos a lo que esperan de nosotros, quienes nos cuidan nos retiran su amor o su aprecio y eso es lo que realmente nos provoca las malas sensaciones corporales, que quedan asociadas a la excusa que nuestros poco competentes o desinformados cuidadores ponen para retirarnos el afecto: Qué torpe eres. Tonto, más que tonto. No vales para nada. Más te valdría no haber nacido. Nunca llegarás a nada. Eres repugnante. El sexo es sucio. Y todas las que puedas imaginarte y, por supuesto, hayas sufrido en tu propia alma. Y muchas veces se hace sin palabras, basta que el progenitor mire “de esa manera” para sentir su desabrobación.

Así que nos sentimos mal de mayores porque cuando éramos niños, o adolescentes, vinculamos estos mensajes con el sentimiento que nos produjo el no ser queridos y valorados por quien tenía la obligación de hacerlo: nuestros padres, cuidadores, maestros, guías religiosos, compañeros de colegio,…
Incluso nosotros mismos de niños, con nuestro razonamiento infantil, pudimos poner sobre nosotros la carga de la crítica. Cuando los niños tienen que elegir entre valorarse y quererse a sí mismos o justificar la incapacidad de sus mayores para cubrir sus necesidades básicas, la mayoría de las veces “salvarán” a los cuidadores, precisamente porque necesitan ser cuidados. Al traicionarse a sí mismos, los niños pueden conservar aún la esperanza de recibir algún día lo que les faltó y así mantienen a raya el miedo a ser abandonados, de quedarse solos, muchas veces, literalmente, “a duras penas”. Si se rebelan contra sus mayores o se crecen por su temperamento natural, tienen que guardar ese miedo muy profundo dentro, lo que les lleva desde muy temprano a ser muy autosuficientes, muy fuertes, “yo puedo con todo”, pero con un corazón de cristal, el del niño necesitado que no recibió.

Si nutrimos al Niño, el Tirano pierde su fuerza

 

De todo esto podemos sacar ya algunas conclusiones muy básicas que nos ayudarán a derrocar al Tirano:

• Nuestras sensaciones y emociones desagradables no son la consecuencia real de la autocrítica del Tirano. Realmente es el Niño Interno reviviendo el miedo al abandono o al castigo por no ser como le dijeron que tenía que ser y, más profundo, el dolor de la traición a sí mismo. La buena noticia es que ahora ya nada nos impide empezar a protegerlo, escucharlo y nutrirlo, y que no nos importe lo que diga el Tirano en nuestra mente.

• Muchas veces experimentamos con tanta fuerza las sensaciones físicas y los sentimientos que despierta la crítica porque cuando se pusieron ahí éramos pequeños y lo vivimos como algo enorme, irresoluble e inabarcable. Y eso para nuestro Niño Interno sigue siendo igual, pero no para nuestro Adulto. Mirar el conflicto con los ojos del Adulto lo hace pequeño y manejable.

La guerra contra el Tirano no es tal guerra. Es un acto de amor por uno mismo, por el niño, la niña que fuimos, que merece ser reconocido, protegido y cuidado de forma respetuosa y amorosa.
No es hacer, es dejar de hacer para que la luz natural que nos habita más profundo que cualquier daño, vuelva a hacer lucir nuestro Ser en la vida.

 

Tercer paso: Desmontar al Tirano

Comprender la estafa, el engaño en que hemos estado viviendo supone un gran alivio. Nuestro Ser vuelve a tener permiso para ser tal y como es. Para expresarse libremente en cualquier situación en la vida. El saber que no somos tontos, torpes, inferiores o malditos es una puerta abierta a la libertad.

A medida que vamos descubriendo al Tirano en nuestros pensamientos y empezamos a parar los ataques más crueles, se va haciendo más sibilino, menos evidente. Como ya no le funciona asustar a nuestro niño a lo bestia, intentará hacerlo más sutilmente. Por ejemplo, una acusación que habitualmente surge al desvelar las mentiras más gordas del Tirano es la de hacernos creer que teníamos que haberlo visto antes, que hemos perdido mucho tiempo en llegar a verlo, “tenías que haberlo hecho ya”, con lo que nos roba el éxito del descubrimiento y vuelve a tacharnos de incompetentes, ensuciando la experiencia de liberación con la tristeza o la rabia por haber perdido algo, cuando en realidad hemos ganado. ¿Qué pasa? ¿Que ahora no vale? Nos miente de nuevo haciéndonos creer que podemos actuar sobre el pasado, cuando ni siquiera lo necesitamos, ya que nos basta con quitar en el presente lo que se quedó adherido del pasado y liberar a nuestro Niño sin tener que ajustarnos a condición mental alguna.
Incondicionalmente, esa es la clave. Seguimos rescatando al Niño, a la Niña, todas las veces que haga falta, todo el tiempo que haga falta, hasta que el Tirano no sea más que un murmullo sin fuerza que pasa por nuestra mente y lo dejamos ir sin más.

Para resumir y completar el método, tras un ataque del Tirano, una vez que nos hemos tranquilizado, podemos volver a revisar el pensamiento perverso al que dimos verosimilitud en nuestra mente y estudiarlo con más desapego, con más distancia.

En el siguiente audio te propongo un ejercicio guiado para trabajar con tu Tirano interno e ir liberando poco a poco a tu Niño.

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La pregunta fundamental para desmontar la mentira del Tirano es la pregunta lógica: ¿Es verdad esto? ¿Es verdad que soy torpe? ¿todo el tiempo, en todos mis aspectos, totalmente? Porque si no es total, no es verdad. ¡Ah, pues no! Cuando estoy acompañado por gente respetuosa, o en tal ambiente, soy hábil. Así que eso es mentira.
Como el Tirano le tiene muy “comido el coco” a nuestro Niño, en ocasiones la crítica dañina nos sigue pareciendo tener razón, así que habrá que preguntar más intensamente: ¿de verdad de verdad es verdad esto? Así hasta que nuestro sentido común, nuestro Adulto, nos diga que no, que no es verdad, dejando al Tirano sin su falso argumento.

El Tirano, como todos los tiranos es totalitario, absolutista. Le gustan los conceptos que no dejan resquicio: nunca, siempre, jamás, nada, todo, tienes que, sólo si haces tal… Así que en ocasiones al hacer esta indagación en tu mente te rendirás ante la “evidencia” del Tirano de que tú eres así o asao, tan solo por la contundencia con la que lo experimentas. Tranquilo. Simplemente sigue indagando, pregúntale porqué y sigue haciéndolo hasta que se quede sin respuesta. O hasta que te remita a algún momento real de tu pasado en el que se implantó esa crítica: porque mamá me lo decía, por ejemplo. Entonces vas y le preguntas a aquel niño, a aquella niña, qué habría necesitado de mamá que ésta no supo o pudo darle. Y se lo das tú. Aquí. Ahora. Sea lo que sea. Físicamente si es posible. O imaginariamente con el mayor lujo de detalles que puedas. Sea lo que sea. Abrazos, miradas, sonrisas,… o helado de chocolate. Lo que el Niño o la Niña te pida. Y hasta que el Niño no se queda tranquilo y contento sigues dándole esa atención incondicional. No tiene que hacer nada por ti. No tiene que ser bueno, ni listo, ni nada de nada. Sólo te pide y tú le das lo que es bueno para él. Lo que le hace sentir tranquilo y contento. Lleno. Bien cuidado y libre.

Este proceso puede ser muy intrincado según la historia personal de cada uno, las vicisitudes por las que tuvimos que pasar y lo enredados que estén nuestros pensamientos, justificaciones y explicaciones. O por lo escondidas que estén nuestras emociones según el daño recibido. Si tienes dificultades en hacerlo tú solo, no dudes en buscarte un profesional de tu confianza que te ayude a salir de ese laberinto. Mejor si está entrenado en juegos psicológicos (Análisis Transaccional). Confía en que vas a conseguirlo y apoya incondicionalmente a tu Niño, a tu Niña Interna pase lo que pase.

Un cordial saludo y hasta el próximo post. Prometo hacerlo más cortito. ¡Disfruta de tu búsqueda!

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