Inicioaceptación incondicionalComo el comer

Tan necesario como el comer, el vestir o el tener refugio, es el recibir amor y valoración, las necesidades básicas existenciales. Si no son cubiertas nuestras necesidades básicas en la infancia nos encontramos con más dificultades y conflictos añadidos en nuestro desarrollo como seres humanos. El raquitismo de la Conciencia humana en la actualidad es debido en una gran medida a cómo cuidamos y nutrimos a nuestros niños.

En el post anterior hablaba de nuestros personajes, de cómo los desarrollamos para intentar satisfacer nuestras necesidades pendientes. Si tuviéramos cubiertas esas necesidades podríamos dejar el libreto, el guión del personaje y ser ‘naturales’. Ante cada situación seríamos espontáneos, haciendo simplemente lo que fuese necesario hacer. Atendiendo a lo que nuestro Corazón y nuestro sentido práctico nos dijeran, dejándonos de películas.

En mis clientes puedo ver una y otra vez cómo las necesidades básicas no satisfechas en la infancia deciden nuestra actuación en la vida, cómo nos condicionan al construir la idea que nos hacemos de nosotros mismos. Es fascinante observar la inmensa variedad de posibles soluciones que probamos los seres humanos para llenar ese hueco del puzle existencial. Nuestras capacidades innatas tienen que lidiar con esas carencias y el resultado de ese baile conforma nuestra persona.

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Algunos seres humanos, gracias a sus dones y a tener pequeñas carencias, construyen hermosas vidas; otros tienen carencias tan grandes que sus propios dones quedan inutilizados resultando en vidas llenas de confusión y sufrimiento. Y la gran mayoría oscilamos en un tira y afloja entre nuestras carencias y nuestras habilidades individuales. Nuestros dones son como globos aerostáticos que nos elevan en un viaje de autodescubrimiento por el mundo y las carencias son el lastre que nos impide elevarnos hasta nuestro potencial, aunque, a veces, al cabo del tiempo una vez integradas las dificultades, se tornan en una gran fuente de aprendizaje de los valores más elevados: paciencia, fortaleza interna, incondicionalidad, humildad,…

Podemos tener los personajes que queramos: intentar ser apreciados dándonos mucha importancia, lo que ahora se llama “tener mucho ego”; o ser muy serviciales, a nivel de suelo incluso, a ver si los demás se apiadan y nos dan la valoración que nos faltó al empezar nuestro camino en la vida. Podemos hacer el pino y andar sobre la punta de los dedos que nunca nadie va a ser capaz de darnos eso que nos faltó, eso que nuestro Niño, nuestra Niña interna echa tan desesperadamente de menos. Eso ya no va a venir de fuera, cualquier intento en esa dirección es inútil, como poco nos hará dependientes de los demás y un ser humano adulto por definición es autosuficiente. Sólo dentro nuestro podemos redescubrir esas necesidades y satisfacerlas ahora pasada ya nuestra infancia.

 

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La solución a nuestras carencias existenciales de Amor y Valoración está dentro nuestro, no fuera

 

Unos habríamos necesitado ser tocados con respeto y dulzura, otros reconocidos con la alegría de la bienvenida, aquellos simplemente haber sido sostenidos más tiempo en un regazo acogedor o abrazados con la fuerza del reconocimiento de que somos valiosos tal y como somos. Sin condiciones, sin tener que dar ni hacer nada a cambio, sólo ser nosotros, nosotras mismas.

Nadie, excepto nosotros mismos puede saber cabalmente qué aspecto del Amor nos faltó: cariño, valoración, respeto, cuidados físicos, escucha, reconocimiento, equilibrio,… Nuestro corazón lo sabe, nuestro estómago, nuestro vientre lo saben. Nuestra garganta, nuestro sexo lo saben. Sólo tenemos que hablar con ellos (puedes consultar un post anterior: Cómo hablar con el cuerpo, la mente y el espíritu).

Nuestra mente puede saber, pero sólo si mira más allá de los disfraces de nuestros personajes. A través de todas las interpretaciones, de todos los juicios, las máscaras, las protecciones que nuestra mente hizo a lo largo de nuestra historia de vida. Así que, si le preguntamos a nuestra mente “racional”, ésta nos devolverá algún “porque…” que pretenderá explicar lo que nos ocurre, pero si el pellizco en el estómago o el desaliento repentino en el corazón siguen estando ahí, queda claro que ese “porque…” no explica realmente nada, si lo hiciera ya habríamos tomado las medidas necesarias y esa sensación de impedimento en nuestro cuerpo habría desaparecido. Así que necesitamos entender, mirar más profundo, durante más tiempo, con más paciencia e incondicionalidad por nosotros mismos.

Y la única pregunta que puede ayudarnos no debemos hacérsela a la mente, sino al cuerpo. Y es así de sencilla: ¿qué necesitas?

Si estamos lo suficientemente tranquilos para escuchar con una cierta distancia y tenemos un cierto silencio en nuestra mente, una respuesta surgirá de nuestro interior. Sencilla, simple, inmediata en su exposición: abrazo, aliento (tú puedes), risas, baile, apoyo, reconocimiento, etc., etc., etc. Y sea lo que quiera que sea que surja de nuestro interior, se lo damos, ahí en el cuerpo.

Podemos hacerlo mentalmente y usar nuestra imaginación a nuestro favor (recuerda: el cuerpo se cree todo lo que dice la mente) dándonos lo que necesitemos, lo que se llama visualización creativa o afirmaciones positivas. O podemos conseguírselo en el mundo, pero acudiendo adonde sí hay de eso que necesitamos y podemos obtenerlo sin condiciones, un familiar, un amigo, un profesional,… No esperamos a que venga alguien a cubrir nuestra necesidad, ya no somos niños. Nos lo conseguimos nosotras, nosotros mismos.

 

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Si tuviese una oración, sería esta: “Dios, líbrame de desear amor, valoración o aprecio. Amén”.
Byron Katie

 

Y para despedirme, aquí te dejo un audio con un ejercicio de introspección y sanación para que te sea más fácil descubrir y satisfacer tus necesidades básicas existenciales de Amor y Valoración.

¡Que seas feliz!

 

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Comentarios

Como el comer — 2 comentarios

  1. Interesante artículo, como todos los de este blog.
    Gran consejero y amigo, Alfonso.
    Por poner un pero, ¿hay alguien que no tenga construído un personaje?

    Inés.

    • Hola Inés! Gracias por leerme, por comentar y por preguntar.
      Pues yo creo que no. Tod@s hemos aprendido a afrontar determinadas situaciones en la vida de una determinada manera.
      El proceso de llegar a ser auténticos consiste en desembarazarnos de esos personajes en el sentido de ser conscientes que los usamos y podemos rediseñarlos o eliminarlos; de convertirlos si es posible en aliados que nos facilitan nuestras relaciones en la vida. Pero están ahí.
      El monje zen más desidentificado de su propia historia sigue siendo “un monje zen”. Y a Krishnamurti le gustaba su look “dandy” y taparse la calva con el pelo de los lados de la cabeza. Todos somos humanos y lo hacemos lo mejor que podemos.
      Un abrazo guapa!

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